Después de un tiempo en el dique seco, por culpa de una rotura del tendón de alquiles y darme cuenta tristemente de que me hago mayor, vuelvo a estar casi en forma y tengo otra vez ganas de escribir en mi blog, así que voy a ello.
Durante el tiempo de convalecencia he tenido la oportunidad de leer un interesante libro Revolución LinkedIn de Juanma Roca, un libro muy recomendable y lleno de cientos de referencias de calidad, el libro dedica uno de sus capítulos a explicar como LinkedIn se ha convertido en un escaparate para las marcas personales, tuve la oportunidad de cruzarme unos mails con Juanma sobre este tema, surgiendo reflexiones interesantes que comentaré en otro post, aunque ahora de lo que quiero hablar es exclusivamente de lo que a mi me gusta llamar la democratización del yo o de como ese escaparate se democratiza.

Hace ya algunas semanas mientras estaba leyendo tranquilamente La Vanguardia, una soleada mañana de domingo, me sorprendió gratamente ver que su contraportada estaba dedicada al Director General de mi propia empresa, Óscar Pierre, y eso me llevo a la siguiente reflexión, teniendo siempre claro que no todo el mundo puede tener acceso a los medios tradicionales como los tuvo Oscar, con la repercusión que conlleva a nivel personal o mejor dicho de marca personal, pero lo cierto es que actualmente una persona anónima o con un status social y/o profesional de lo más normal, puede tener mediante el uso de internet y sus conocidas aplicaciones web 2.0, una gran visibilidad, blogs, microblogs, webs personales, etc… y si encima lo hace bien e interesa, puede dar el salto de los medios virtuales a los reales o tradicionales, hay innumerables casos de ese trasvase de lo virtual a lo real.
Así que observamos que gracias a la tecnología, el yo se universaliza, democratizando el acceso y la visibilidad de cualquier miembro de la comunidad, permitiendo que todo aquel que quiera promocionar su marca personal, tenga casi las mismas posibilidades que un gran directivo de una multinacional y eso amigos es muy, muy bueno.
Animaros, ser visibles, todo el mundo tiene algo interesante que explicar, dar un paso adelante y ampliar vuestro yo.

A mediados del año 2000, mientras la industria audiovisual solo vio una amenaza en napster, uniéndose hasta conseguir cerrarlo en 2001, en Cupertino, Steve Jobs si detecto la oportunidad que nadie supo ver y lanzo una ambiciosa estrategia.




